









Recuerdo claramente estar estrenando este tesoro de insospechados paisajes sonicos por fuera de la escuela bajo el frio del inicio de ese 1977.
1977, año de de estudiar Psicologia junto a "Leopas", quien tal vez estaba preparandose para sus futuros gobernados... aja.
Definitivamente uno de los 5 discos de
Bowie que seleccionaria para irme a esa isla desierta...
Y aun asi, un album dificil de digerir que tiene que irse escuchando y penetrando en cada densa capa sonica y lirica, un disco sumamente impresionante;
Bowie llevando la musica a su sitio màs vanguardista, sintetizadores, guitarras, ritmos roboticos, ambient y demàs, sin duda una de las obras capitales de la musica moderna y una manifestacion de la epoca en que
Bowie, a pesar de tomar ideas ajenas, sabìa llevarlas màs lejos, aliado de gente como
Brian Eno y
Robert Fripp.
Situemonos en la historia:
Es 1976 y
Bowie quiere dar otro giro más a su exitosa carrera. Tras haber acabado con el rollo cantautor de los 60, haber matado a
Ziggy Stardust, coquetear con la música soul y haberse convertido ese mismo 1976 en el Thin White Duke, David contacta -en su enésima demostración de que es el más listo de la clase- con un
Brian Eno que ya había producido alguno de sus trabajos más aclamados (
Here Come the Warm jets y
Another Green World por ejemplo) para intentar dar a su música un toque experimental y cercano a esos Kraftwerk, Can o Neu! que tanto le gustan.
Para ello se traslada a Berlin (supongo que para vivir de cerca el Krautrock) con el geniecillo que más tarde ayudaría a
U2 a ser grandes y crea -desconozco si premeditadamente o no- lo que se llamaría
"La Trilogía Berlinesa" de la cual este
Low es el primer y tal vez el mejor capítulo (aunque a mis oidos
Lodger es unico), aunque el album fue grabado en Francia y solo mezclado en Berlin, Alemania.
La máxima estrella del momento se encontraba deprimida, abrumada por su propio éxito, por sus glorias recientes y por el peso de las expectativas creadas, harta de la imagen que todos tienen de él.
Y responde refugiándose en sí mismo, creando un disco repleto de referencias al avant garde, influido por el kraut rock alemán y por las corrientes de electrónica más avanzadas de su momento. El disco en cuestión sorprende al gran público, pero restablece sus credenciales artísticas entre la crítica...
No sé por qué, pero creo que esta historia ya la hemos oído antes. ¿O tal vez después?. Claro que debemos cambiar al individuo por un colectivo, lo que sugiere una broma cruel: ¿cuántos sesudos miembros de
Radiohead hacen falta para enroscar una bombilla, para grabar su propio
Low?
Dejando cínicos paralelismos históricos al margen, y reconociendo la importancia capital que los colaboradores externos tuvieron en una de las declaraciones estéticas más personales y atrevidas de la carrera de
David Bowie, siempre es algo más que sorprendente comprobar la intacta modernidad de
Low, el primero y probablemente el mejor disco de la trilogía Berlinesa del dúo
Bowie-Eno.
Sus acompañantes en esta aventura son de excepción (como casi siempre pasa con el Duque): el propio
Eno, el gran
Carlos Alomar en la guitarra,
Ricky Gardener y
George Murray en guitarra y bajo respectivamente o
Iggy Pop y Mary
Visconti añadiendo voces en algunos temas.
Bowie se embarca en un viaje experimental y excitante, el disco se empapa de la esencia que destila el Berlin decadente y nocturno que seguro
Bowie frecuentaría en aquellos tiempos. Toda esta época parece fruto de un arrebato creativo genial, un
Bowie hiperactivo (recordemos que en ese par de años ayudó a Iggy con sus dos mejores discos en solitario,
The Idiot y
Lust for Life e incluso salió de gira con él) nos regala un disco aún más arty que
Station to Station de 1976, experimental pero para nada aburrido (hay discos experimentales que parecen requerir de un "master" para su escucha y comprensión), original a pesar de su clara influencia de las bandas antes citadas y en ocasiones tremendamente ambiental y sugestivo (la hipnótica
Warszawa por ejemplo).
Inmerso de un periodo de depresión personal, paranoia y excesos definitivamente preocupantes con la cocaína, partiendo de Paris y rematando la faena en Berlín,
Bowie en
Low llevó aún más allá el concepto de funk espacial de
Station to Station, recogiendo por el camino nuevas e insospechadas influencias. Reclutando a
Brian Eno, recuperando a
Tony Visconti y manteniendo a
Carlos Alomar como guitarrista estrella, la gestación de
Low comenzó con unas intenciones radicales.
En el álbum
Bowie y
Eno tocan multitud de instrumentos tales como arpas, cellos, saxos, armónicas, xilófonos, un mini-moog (tan en boga en esos tiempos), pianos y hasta un "rimmer E.M.I." que sepa Dios qué será.
Dividido el disco en una cara A, enmarcada en dos instrumentales dinámicos, y compuesta de canciones vocales y dinámicas (pero para nada convencionales) y una Cara B cais por completo instrumental, de “ambient” extravagante y con gran influencia teutona,
Bowie terminaba de exhibir su ensimismamiento personal, pero sobre todo su temerario talento artístico.
Low abre fuego con
Speed Of Life, un glorioso instrumental, en el que brilla la guitarra solista de
Ricky Gardiner y las primeras intrusiones del arsenal de efectos extraterrestres de
Eno, que actúan en ocasiones como el más insospechado de los riffs.
Esa mítica introducción con coros femeninos, la brevedad y frialdad (unida a una extraña forma de cantar de
Bowie que no hace sino añadir interés a los temas) mas el esquizoide nervio de la breve
Breaking Glass y de
What In The World anticipa la genial creatividad de las canciones supuestamente más convencionales de
Low, que pese a ser cantadas están todas penetradas hasta la médula, hasta su estructura profunda, por la extravagancia.
Participando estas cinco joyas de un sonido insospechado e inigualable, sin concesiones. En el que la batería atronadora de
Dennis Davis, las tremendas líneas de bajo de
George Murray y la solidez de la guitarra de
Alomar se convierten en el firme colchón que
Bowie-Eno, convertidos en inagotables multi-instrumentistas, terminan de recubrir con una maraña sonora aparentemente fría en la superficie, pero con una extraña capacidad adictiva, con un emocionante calor en su interior.
Algo nunca mejor expuesto que en
Sound And Vision, una de las mayores cumbres de
Bowie en su papel de equilibrista, de radical iconoclasta capaz de seducir casi infaliblemente a las masas. Una canción irresistible, que desafía cualquier convención, que espera minuto y medio antes de hacer aparecer las voces esquizofrénicas de un Bowie que se pregunta y se responde a sí mismo en tonos antagónicos. Su ritmo cíclico, hipnótico, genera una de las joyas del catálogo de Bowie.
El medio tiempo marciano de
Always Crashing In The Same Car da paso a
Be My Wife, tal vez el momento en el que se manifiesta con mayor desnudez la turbulencia emocional de un
Bowie en pleno divorcio (“A veces te sientes tan solo/ A veces no vas a ninguna parte/ He vivido por todo el mundo/ He abandonado todo lugar/ Por favor sé mía/ Comparte mi vida/ Quédate conmigo/ Sé mi esposa”)
Aunque sin duda ya ha ido dejando pistas a lo largo de las extrañas letras del disco: “Me apetece tu amor/ pero estoy un poco asustado de ti” (
What In The World) “Deslizándome en mi soledad otra vez” (
Sound And Vision). Pero cuando cierra
Be My Wife abriendo en falso una nueva estrofa que no prosigue (“A veces te sientes tan solo”) parece querer dejar abierta la pregunta, porque en realidad ésa es la respuesta.
Cerrando la primera cara nos encontramos con el segundo de los instrumentales
A New Career In A New Town, que arranca casi como techno minimal para tomar, con la ayuda de la insospechada armónica de
Bowie, un camino más directo (y verdaderamente melancólico) que lo que viene después.
Sin embargo, resulta evidente en este corte la influencia de
Kraftwerk, que termina de manifestarse en la cara B. En ella nos contemplan cuatro cortes instrumentales menos opresivos y probablemente superiores a los incluidos en el posterior
Heroes.
Tanto la obsesiva e hipnótica insistencia de
Weeping Wall como los cantos búlgaros de
Warzawa terminan de desahogar las atmósferas electrónicas de
Art Decade y Subterraneans un híbrido entre instrumental y canción cantada que funciona bien como misterioso y "nocturno" final para un disco, en las que más patentes se hacen las influencias germánicas.
A ello hay que agregar los posteriores bonuses:
Some Are, una preciosa pieza instrumental (la cual escuchaba cuando supe de la muerte de
Colosio, dotando al momento de tintes surrealistas) junto con la bella
All Saints (que da nombre precisamente al compilatorio instrumental de Bowie de 1993 y sus subsecuente reedicion del 2001) y el remix de
Sound and Vision.
Es nuestra version, en su cubierta y contenido, esa magnifica reedicion de 1991 de Ryko
Para mi fue una gran epoca de
Bowie (tambien tenia solo 16, una edad muy impresionable) la cual disfrute enorme y muy solitariamente ya que en mi grupo de edad en ese entonces y donde yo estaba, el gusto por
Bowie no estaba muy desarrollado.
Para ubicarse en esta etapa de Bowie, nada como recorrer este
excelente sitio.
No obstante, ya habia captado la esencia unica de esta obra, porque
Low es finalmente un disco tan especial y diferente que, sin duda, no tiene tiempo ni lugar.
Tan moderno hoy como el ya lejano día de su creación (31 años ya), es la clase de obra que reconcilia con la capacidad de algunos pocos para hacer del rock una fuerza vital y siempre inmortal.
En definitiva cuando hablamos de
Low estamos hablando de una verdadera obra maestra.
Bajatelo y disfrutalo aqui.