

Una auténtica sorpresa que va más allá del revival estilo Lenny Kravitz y Black Crowes y que se acerca más a la adaptación del hard rock de los 70s con un estilo indie muy contemporáneo más parecido al de Wolfmother y hasta a White Stripes.
Aquí no se niega para nada la influencia de Led Zeppelin (hay que decir que el disco salió en el 2006, así que lo de la moda zeppelinesca no los influyó) y el rock de los 70s al estilo Queen, Black Sabbath y el Bowie primigenio.
Earl Greyhound tienen un sonido poderoso que parte de un power trío sencillo y vigoroso. El bajo de Kamara Thomas (que también canta y hace coros), la guitarra de Matt Whyte (con una voz que se desgarra y embona perfectamente) y la batería de Ricc Sheridan (una batería extraordinaria) son los ingredientes esenciales para una banda neoyorquina con la energía suficiente para hacernos recordar los años dorados del rock duro.
Aquí no hay nada más que Rock. Guitarra, bajo y batería llevados al límite del rock melódico, con ganchos en la estrofa, coros pegajosos, baterías que deslumbran y solos de guitarra cortos y efectivos. Aquí no hay solos masturbatorios o aquelarres con la voz, menos aún referencias místicas o demás mamadas que antes padecía el rock setentero.
Lo contemporáneo es llevado a la banda a través de las letras que son sumamente sencillas y son adaptadas a la simplicidad actual. Así, tenemos a S.O.S. que abre el disco con solos de teclados tipo The Who y ataques de guitarra que no paran. All Better Now y It´s Over funcionan por el intercambio de las voces que juguetonas se mezclan y hacen recordar a Queen de por esos tiempos.
Van Halen y/o Deep Purple resuenan en Like a Doggy, referencia sexual inmisericorde. Ocho minutos de Monkey son un extasis, con mas que suficientes guiños hasta para el Rock Progresivo que uno termina por seguir cada uno de los minutos con suficiente atención.
El disco después se torna maravilloso con cinco canciones seguidas que suenan en la segunda mitad del disco: Good, casi una balada muy exquisita; Back and Forth con Kamara cantando estupendamente; Yeah I Love You, otra balada sui generis; Fashion, con una referencia travesti de Whyte inspirada en las camisas de Robert Plant y Two Weeks, una energética canción que hace mover nuestros pies y cuerpo.
Tienen una imagen casi calculada a la perfección: banda interracial, neoyorquina, con cierto pedigrí artístico, con amigos progre, etcétera. Parece un cálculo que se sube a la moda de rock setentero con actitud actual.
Si siguen rockeando con la misma energía de este disco, Earl Greyhound serán no sólo grandes sino hasta podrían acabar de una vez por todas con todo ese indie mamerto y melancólico que nos atiborra con copias de electroshit o de folk falso.
Lee acerca de ellos en Rolling Stone.
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